SAN JUAN TAUMATURGO, ARZOBISPO DE NÓVGOROD
conmemorado el 07 de septiembre.

San Juan Taumaturgo, Arzobispo de Nóvgorod (ru. Святитель Иоанн Чудотворец, Архиепископ Новгородский), nació en Nóvgorod, hijo de los piadosos Nicolás y Cristina. Su infancia transcurrió en un entorno sereno y apacible.
Tras el reposo de sus padres, Juan y su hermano Gabriel decidieron fundar un pequeño Monasterio en honor a la Anunciación de la Santísima Madre de Dios con su herencia.
Al principio erigieron una iglesia de madera, pero poco después edificaron una de piedra. Sus buenos propósitos no estuvieron dispensados de adversidades. Antes de concluir la obra del templo de piedra, los hermanos agotaron por completo sus recursos. Solo su inquebrantable y ardorosa fe los impulsó a continuar lo que habían comenzado. Acudieron al auxilio de la Reina del Cielo (ru. Царица Небесная), la Santísima Madre de Dios, por cuya intercesión emprendió ésta obra agradable a Dios.
Gracias a su fe y celo inquebrantables, la Virgen los mostró Su misericordia. Los anunció en sueños que se los proveería todo lo necesario para la culminación del templo. A la mañana siguiente, los hermanos vieron un magnífico caballo cargado con dos sacos de oro. Nadie acudió a buscarlo, y cuando los hermanos descargaron los sacos, el caballo desapareció. Así proveyó la Siempre Virgen para la Fundación del Monasterio.
Una vez finalizada la construcción del Monasterio, bajo la protección de la Madre de Dios, los hermanos fueron revestidos con el hábito monástico. San Juan tomó el nombre de Elías, y san Gabriel, el de Gregorio.
Las crónicas mencionan que san Juan fue nombrado obispo en el año 1162. Su primera epístola pastoral estaba dirigida al clero de su diócesis y rebosaba de una entrañable preocupación por su rebaño, escrita con espíritu paternal: “Dios y la Santísima Madre de Dios, por vuestras oraciones, han querido que yo, un simple mortal, no rechace éste alto cargo, del que no soy digno. Puesto que vosotros mismos me habéis animado a éste servicio, escuchadme ahora…”
El Santo habló sobre la vocación del pastor. Se desvela por sus ovejas, no solo las reprende, sino que también las sana a quienes llevan una vida pecaminosa. “Al comienzo de mi discurso, les pido que no se apeguen demasiado a éste mundo, sino que sean más bien un ejemplo para los demás. Ante todo, procuren que no se entreguen a la embriaguez. Ustedes mismos saben que por éste vicio, sobre todo, no solo perecen los sencillos, sino también nosotros. Cuando sus hijos espirituales se acerquen a ustedes arrepentidos, interróguenlos con mansedumbre. No es apropiado imponerles penitencias severas. No desprecien la lectura de libros, pues si no nos dedicamos a ella, ¿qué nos distinguirá de la gente sencilla y sin instrucción? No impongan penitencias a los huérfanos. Que todo sea apropiado, pues el yugo de Cristo debe ser ligero”.
En el año 1165, san Juan fue elevado al arzobispado (a partir de ese momento, la cátedra de Nóvgorod se convirtió en arzobispado).
El invierno del año 1170 fue una época ardua para Nóvgorod. Las fuerzas de Súzdal, junto con sus aliados, sitiaron la ciudad durante dos días, ya que el pueblo de Nóvgorod se negaba a aceptar al príncipe Sviatoslav (ru. Святослав). Además, se apropiaron del tributo del distrito de Dvina, que no les estaba sujeto.
En su aflicción, los pobladores de Nóvgorod oraron a Dios y a Su Santísima Madre por la salvación de la ciudad. En la tercera noche, mientras oraba ante un icono del Salvador, san Juan oyó una voz que lo mandaba ir a la iglesia del Salvador en la calle Ilyina (ru. Ильина улица), tomar el icono de la Santísima Madre de Dios y llevarlo hasta las murallas de la ciudad.
Por la mañana, el Santo comunicó la orden al pueblo y envió a su diácono con clérigos a la iglesia del Salvador para que trajeran el icono. Al entrar en la iglesia, el archidiácono se postró ante el icono y quiso tomarlo, pero éste no se movió. El archidiácono retornó al Arzobispo y lo contó lo sucedido.
Entonces el Santo, acompañado de toda la asamblea, se dirigió a la iglesia de Ilyina y, de rodillas, comenzó a orar ante el icono. Entonaron un Molieben, y tras la sexta oda al contaquio “Protectora De Los Cristianos”, el icono se movió del lugar. La gente, entre lágrimas, exclamó: “¡Señor, ten piedad!”.
Entonces san Juan tomó el icono y, junto con dos diáconos, lo llevó hasta las murallas de la ciudad. Los pobladores de Nóvgorod vieron venir su perdición, pues las fuerzas de Súzdal y sus aliados estaban prestos para saquear. A la sexta hora comenzó el asalto, y las flechas caían como lluvia. Entonces el icono volvió su rostro hacia la ciudad, y lágrimas brotaron de los ojos de la Santísima Madre de Dios, que el Santo recogió en su felonio.
Una oscuridad cubrió a las fuerzas de Súzdal; enceguecidas y, atemorizadas, retrocedieron. Ésto ocurrió el día 25 de febrero de 1170. San Juan estableció una solemne fiesta para Nóvgorod, el Signo de la Santísima Madre de Dios (27 de noviembre).
El ejército de Súzdal causó grandes estragos en la región de Nóvgorod. En aquella hora de necesidad, el Arzobispo también amparó a su rebaño. Mostró una preocupación paternal por las familias devastadas que sufrían hambre y distribuyó ayuda a los huérfanos. Al igual que otros jerarcas rusos, apaciguó y acalló las luchas internas en la sufrida Rus’ con su oración y su virtud. En el año 1172, el Arzobispo viajó a Vladímir para reconciliar al príncipe Andrés Bogoliubsky con el pueblo de Nóvgorod.
El Santo no solo padeció las adversidades de su pueblo, sino que, sobre todo, se preocupó por su iluminación espiritual. San Juan dedicó gran atención a las conversaciones espirituales, que a menudo tenían lugar entre el clero y los laicos. Se conservan alrededor de treinta de sus enseñanzas sobre el Bautismo, la Confesión y la Sagrada Eucaristía.
Su Guía para Monjes está llena de grandeza espiritual: “Una vez que han seguido a Cristo, los monjes, como consumadores de la vida espiritual por medio de la Cruz, deben vivir en lugares solitarios, apartados de la gente del mundo. Que no roben nada para sí mismos y que se consagren por completo a Dios. Un monje debe ser siempre monje, en todo momento y en todo lugar; tanto dormido como despierto, debe conservar el recuerdo de la muerte y ser despojado de su carne. El Monasterio no sirve para todos como terapia para el amor carnal, como tampoco lo es el silencio para la ira, la austeridad para el dinero y la tumba para la avaricia. La vida monástica y la vida mundana son incompatibles, tal como no se debe uncir un camello y un caballo juntos. El monje se somete al yugo del Creador y debe arar en el valle de la humildad, para multiplicar el trigo fino con el calor del Espíritu Dador de Vida y sembrar las semillas de la razón de Dios. El monje no es dueño de sí mismo; siendo como dioses, cuídense de no estropearse en semejanza de los hombres, ni caer de los Cielos como Lucifer... pues la soberbia proviene de la gloria humana”.
Las potencias espirituales de gracia de san Juan eran extraordinarios. Por su sencillez de alma y pureza de corazón, Dios lo concedió poder contra los demonios. En una ocasión, mientras el Santo oraba de noche, como era usanza suya, oyó que algo salpicaba sobre las aguas del lavabo. Al ver que nadie se hallaba a su lado, el Santo comprendió que se trataba de un demonio que intentaba atemorizarlo.
El Santo hizo la señal de la cruz sobre el lavabo y contuvo al demonio. Pronto, el espíritu maligno no pudo soportar más la súplica del Santo, que lo consumía como fuego, y comenzó a rogar que lo liberaran del lavabo. El Santo accedió, pero ordenó al demonio que lo llevara desde Nóvgorod hasta Jerusalén, al Sepulcro del Señor y de regreso, todo en una sola noche. El demonio cumplió la orden del Santo, suplicando que no contara a nadie sobre su vergüenza.
En una de sus conversaciones, el Santo contó a sus feligreses que conocía a un hombre que había visitado Tierra Santa en una sola noche. La venganza del espíritu maligno no tardó en llegar. Comenzó a esparcir posesiones femeninas en su celda. En una ocasión, cuando la gente se había reunido en la celda de san Juan, el diablo se transformó en una mujer que corrió delante de ellos como si huyera de la celda.
El Santo oyó el alboroto y preguntó con dulzura: “¿Qué ha pasado, hijos míos? ¿A qué viene éste clamor?”. Enardecida, la muchedumbre reprochó al Santo diversas acusaciones de vida perversa y lo arrastró hasta el río Vóljov (ru. Волхов). Lo subieron a una balsa y la dejaron flotar río abajo. Pero la balsa, contra todo pronóstico, navegó contra la corriente directamente hacia el Monasterio masculino de san Jorge, a tres verstas (una versta equivale a 1066.8 metros) de Nóvgorod.
Al ver ésto, la gente se avergonzó y, entre llantos y gritos, siguió la balsa por la orilla del río, implorando al Santo que los perdonara y les permitiera regresar a la ciudad. El corazón del humilde pastor se llenó de alegría, no solo por sí mismo, sino también por su rebaño: “¡Señor, no les tomes en cuenta éste pecado!”, oró, y concedió el perdón a todos.
Ésto ocurrió poco antes de la dormición del Santo. Presintiendo su inminente reposo, renunció al sobrenombre de jerarca y adoptó el esquema con el nombre de Juan, el mismo que llevaba en su juventud. Designó a su hermano, san Gregorio (24 de mayo), como su sucesor.
San Juan Taumaturgo, Arzobispo de Nóvgorod, durmió en el Señor el día 07 del mes de septiembre del año 1186 y fue inhumado en la iglesia de la Santa Sabiduría.
En el año 1439, mientras se realizaban reparaciones en la Catedral de la Santa Sabiduría, gracias al celo de san Eutimio, en la Capilla de San Juan el Precursor, una piedra se desprendió repentinamente y agrietó la tapa de la tumba que allí descansaba. San Eutimio ordenó que se retiraran las tablas rotas por la piedra, y el templo se llenó de una fragancia exquisita.
En la tumba contemplaron las reliquias incorruptas del Santo, pero nadie pudo identificar quién era éste Arzobispo. En su celda, san Eutimio comenzó a orar fervientemente para que Dios le revelara el nombre de este Santo.
Esa noche se le apareció un hombre, vestido con las vestiduras de un jerarca, y dijo que era el Arzobispo Juan, quien había sido hallado digno de servir al milagro de la Santísima Madre de Dios en honor a su Signo.
“Les proclamo la voluntad de Dios”, prosiguió el Santo, “de conmemorar a los Arzobispos y Príncipes que aquí descansan, el día 04 de octubre, y rogaré a Cristo por todos los cristianos”.
A san Juan Taumaturgo, Arzobispo de Nóvgorod selo conmemora, así mismo, en la Sinaxis de los Jerarcas de Nóvgorod el día 10 de febrero. En el año 1630, se estableció una festividad más el 1° de diciembre.
REFERENCIAS
Orthodox Church in America. (2026). Saint John the Wonderworker, Archbishop of Novgorod. New York, Estados Unidos: OCA.





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