SAN MÁXIMO EL GRIEGO
- monasteriodelasant6
- hace 4 horas
- 6 Min. de lectura
conmemorado el 21 de enero.

BREVE VIDA DE SAN MÁXIMO EL GRIEGO
por Jorge Martzelos
San Máximo el griego (gr. Μάξιμος ο Γραικός, ru. Максим Грек) fue uno de los monjes y teólogos más distinguidos del siglo XVI, célebre por sus actividades misioneras y logros reformadores en la Rusia de su tiempo.
Nació en Arta alrededor del año 1470 de padres respetados y prósperos, y su nombre en el mundo era Mijaíl (gr. Μιχαήλ) Trivolis. A temprana edad fue a estudiar a Italia, a los principales centros del Renacimiento, donde fue instruido por distinguidos eruditos griegos.
Al finalizar sus estudios en Italia, Mijaíl Trivolis decidió abrazar la vida monástica en la Montaña Sagrada, eligiendo como sitio de residencia el renombrado Monasterio de Vatopedi (gr. Βατοπέδι).
Así, a finales del año 1505 o principios del 1506 fue tonsurado como monje, tomando el nombre de Máximo, y se dedicó con celo al estudio y a la búsqueda de la vida espiritual.
Permaneció en el Monasterio durante diez años como monje ordinario, evitando ocupar cargos monásticos, pero participando en varias misiones del Monasterio en Macedonia y las islas, donde predicaba la palabra de Dios.
La notoriedad de Máximo como monje se extendió por todo el mundo ortodoxo y particularmente entre los pueblos eslavos, con los que el Monasterio Vatopedi siempre había guardado lazos de amistad. Por tal razón, cuando el zar ruso Basilio Ivánovich envió una misión especial al Monte Athos para pedir a los Protós que un monje experimentado y erudito pasara algún tiempo en Rusia en orden a emprender la traducción de los libros de la Iglesia del griego al ruso, y tras la negativa del monje Savvas, avanzada en años y delicado de salud, los Protós eligieron a Máximo Trivolis, un monje de saber y reputación. Máximo partió de la Montaña Sagrada en junio o julio del año 1516, acompañado por el Hieromonje Neófito y el monje Lavrentios, que conocía la lengua rusa.
Después de un largo y fatigoso viaje, en el que pasó por Constantinopla para obtener la bendición del patriarca ecuménico Teoleptos, arribó a Moscú a principios del año 1518, donde fue recibido con grandes honores tanto por el zar Basilio como por el metropolita de Moscú, Barlaam.
San Máximo llegó a Rusia en un momento en que prevalecía una gran ignorancia entre la gente, con el resultado de que las supersticiones, la magia, la astrología y la autoindulgencia se consideraban indisolublemente ligadas a la fe cristiana ortodoxa. Pero además de ésto, los textos sagrados de la Sagrada Escritura y de los Padres habían sido gravemente corrompidos por copistas irresponsables, lo que dificultaba aún más la labor de la Iglesia.
La primera tarea emprendida por san Máximo fue la traducción de la Interpretación del Salterio, por su utilidad tanto para monjes como para laicos. Dado que el propio Máximo aún no conocía bien el eslavo eclesiástico, el zar le proporcionó dos traductores para que lo asistiera. Cuando se concluyó la traducción, tal fue el entusiasmo del Metropolitano y del Santo Sínodo que todos describieron la Interpretación del Salterio como “una fuente de piedad”. Ésta traducción mostró que los rusos tenían mucho que ganar con éste monje erudito. Así, el zar, a pesar del fuerte deseo y las fervientes peticiones de san Máximo de volver a la Montaña Sagrada, no se lo permitió, sino que lo retuvo con él, encargándole la traducción de otros escritos patrísticos. En paralelo a su labor como traductor, Máximo emprendió la corrección de los libros litúrgicos, en particular el Triodio, que estaba plagado de errores, debido al desconocimiento de copistas y traductores.
Sin embargo, además de su obra literaria, san Máximo mostró un gran celo en obrar por la mejora moral y la iluminación del pueblo ruso por medio de sus escritos y sermones, extrayendo con firmeza la esencia y el contenido más profundo de la fe ortodoxa, frente a las supersticiones que abundaban entre el pueblo ruso en aquel tiempo.
Empero, como es natural, la reputación y el prestigio que san Máximo había ganado como fruto de su aprendizaje, el favor del que disfrutaba con el zar y sus conflictos con las supersticiones predominantes y las ideas paganas de la época no fueron bien recibidos por ciertos círculos eclesiásticos, quienes, movidos a la envidia, esperaron su oportunidad para vindicarse.
La oportunidad llegó con la elevación de Daniel, Abad del Monasterio de Volokolamsk (ru. Волоколамск), al trono metropolitano de Moscú. El conflicto entre Daniel y san Máximo se debió principalmente al hecho de que Máximo consideraba anticanónico e ilegal el nombramiento de Daniel como Metropolitano de Moscú, ya que se había efectuado sin consentimiento del Patriarca Ecuménico y, por lo tanto, era perjudicial para la unidad entre las iglesias rusa y griega.
De manera solapada y maliciosa, Daniel logró poner al zar contra Máximo alegando que Máximo había protestado contra el divorcio y segundo matrimonio del zar, y que junto con ciertos boyardos estaba conspirando contra él, lo que devino en el arresto y encarcelamiento de san Máximo. A éstas acusaciones sus calumniadores añadieron otras de carácter eclesiástico, por ejemplo, que era un hereje, que estaba pervirtiendo los libros eclesiásticos rusos, que injuriaba a los Santos rusos. Así, el sínodo que se reunió bajo la presidencia de Daniel en el mes de abril del año 1525 condenó a san Máximo al exilio y cadena perpetua en el Monasterio de Volokolamsk, donde fue sujeto a terribles tormentos.
Las constantes protestas de san Máximo contra ésta injusta condena obligaron a Daniel a convocar un segundo sínodo (1531), que nuevamente condenó al Santo a cadena perpetua, ésta vez en el Monasterio de Otrots en la ciudad de Tver, y a la exclusión de por vida de la Sagrada Comunión.
San Máximo permaneció prisionero en dicho Monasterio por veinte años, durante los cuales compuso una Confesión de Fe Ortodoxa y dos discursos en defensa de su corrección de los libros de servicio rusos.
Después del deceso de Basilio, solicitó permiso al nuevo zar, Iván Vasílievich, para regresar al Monte Athos, pero el nuevo zar, temeroso de que los sufrimientos de san Máximo se conocieran fuera de Rusia, se negó a acceder a su solicitud. Incluso cuando el patriarca ecuménico Dionisio y el patriarca de Alejandría Joachim mediaron con el nuevo zar para dejar en libertad a Máximo, para que pudiera regresar a la Montaña Sagrada, el zar permaneció totalmente inflexible. Todo lo que lograron fue una mejora en las condiciones de san Máximo y que se le permitiera recibir la Sagrada Comunión.
San Máximo permaneció preso en el Monasterio de Otrots hasta el año 1551, cuando su amigo el Abad del Monasterio de San Sergio, Artemios, junto con algunos boyardos de buena reputación solicitaron al zar la liberación de este inocente cautivo. Su petición fue concedida y el Santo, debilitado por las penalidades y la experiencia del aprisionamiento, fue llevado al Monasterio de San Sergio, donde vivió una vida de santidad por el resto de sus días, ganando finalmente en su vejez el profundo respeto y estima del zar Iván Vasílievich.
San Máximo el griego durmió en el Señor el 21 de enero del año 1556, a los 86 años de edad. 38 de sus 86 años los había pasado en penurias, encarcelamientos y privaciones, gastando sus poderes en beneficio de la Iglesia rusa y del pueblo ruso. Aún en la soledad de la prisión, aprovechó la oportunidad para redactar una gran cantidad de escritos y cartas, destinados a la iluminación del pueblo ruso. Sus escritos y cartas tratan una variedad de temas: dogmática, apologética, hermenéutica, cuestiones morales y sociales, y alcanzaron una gran popularidad y una pronta respuesta entre el pueblo de Rusia.
En vista de sus logros, los eruditos modernos lo han descrito con justicia como “el iluminador y reformador de los rusos”. Sin embargo, aparte de ésto, debe señalarse que inmediatamente después de su dormición, muchos lo describieron como un “Santo”, “Mártir”, “gran maestro” y “Profeta”. El honor y la reverencia que el pueblo ruso guarda para con san Máximo se demostraron oficialmente un siglo después de su reposo, cuando fue proclamado Santo de la Iglesia rusa. Ésta glorificación fue ratificada oficialmente tanto por el Patriarcado Ecuménico como por el Patriarcado de Moscú en el año 1988. Se lo conmemora el día 21 del mes de enero.
REFERENCIAS
La Ortodoxia es la Verdad. (2026). San Máximo el Griego. Atenas, Grecia: https://laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com





Comentarios