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VENERABLE ATANASIO DE SÉRPUJOV

12 sept
6 min de lectura

conmemorado el 12 de septiembre.


El Venerable Atanasio de Sérpujov (ru. Преподобный Афанасий Высоцкий, Серпуховской, en el mundo, Andrés, ru. Андрей,) nació en Obonezh Pyatina, en el seno de la familia del presbítero Auxentius y su esposa María. Desde su juventud se sintió inclinado a la oración y a la renuncia al mundo, y perseveró en busca de un guía digno para la vida monástica.

Por aquel entonces, el renombre del Venerable Sergio de Rádonezh (ru. Преподобный Сергий Радонежский) se había extendido por toda la Rus’. El Monasterio de la Trinidad Dadora de Vida en Makovets se había convertido en un modelo luminoso de organización monástica. Allí, la vida cenobítica transformaba “la odiosa discordia de éste mundo”, creando una comunión de espíritu y una unidad de amor basadas en el prototipo de la Trinidad Divina. El joven Andrés viajó desde las cercanías de Nóvgorod hasta Makovets para encontrarse con el Higúmeno Sergio, siguiendo sus pasos en busca de la perfección espiritual.

Al recibir el nombre de Atanasio en la vida monástica —en honor a san Atanasio el Grande, discípulo y biógrafo de san Antonio el Grande, fundador del monasticismo egipcio—, san Atanasio se convirtió, a su vez, en digno discípulo del gran higúmeno Sergio, Venerable Padre y Maestro de la vida monástica rusa.

Los discípulos de san Sergio, además de las obediencias monásticas habituales, recibían la bendición del Santo Abba para obrar servicios eclesiásticos especiales: copiar libros, escribir iconos y erigir iglesias. Ésto confería a la vida una auténtica dimensión eclesial, aportando belleza litúrgica e himnográfica, así como una transfiguración litúrgica del mundo creado por Dios.

La obediencia predilecta del Abba Atanasio, que él mismo se impuso, fue la reproducción de libros. Los Padres consideraban que los libros sagrados estaban al mismo nivel que los iconos sagrados, pues constituían el medio más importante para transmitir las enseñanzas de la Iglesia y fomentar la creatividad teológica y litúrgica.

La escuela de san Sergio, que reveló a la Iglesia rusa y a la Iglesia universal toda la profundidad del conocimiento teológico vivencial de la Santísima Trinidad, está estrechamente vinculada al florecimiento de la literatura eclesiástica y a la necesidad de un enriquecimiento mutuo de la Iglesia rusa mediante las obras literarias de la Iglesia bizantina y sus teólogos, así como a través de la profunda experiencia espiritual de los ascetas rusos.

En el año 1374, el príncipe de Sérpujov, Vladímir Andréyevich “el Valiente” —colaborador de Demetrio del Don—, acudió a san Sergio solicitándole fundar un Monasterio en sus tierras. El abad Sergio arribó a Sérpujov con su amado discípulo Atanasio y, tras establecer el Monasterio de la Concepción de la Santísima Madre de Dios, bendijo a san Atanasio para que lo organizara y asumiera el cargo de Higúmeno.

El Monasterio de san Atanasio se edificó cerca de la ciudad de Sérpujov, en la orilla elevada del río Nara. Por ello lo llamaron “Vysotski” (ru. Высоцкий, lit. “de las alturas”). De ahí proviene también el epíteto con el que pasaron a la historia de la Iglesia rusa su Fundador y Primer Higúmeno, san Atanasio de Vysotsk.

El Abad Atanasio se dedicó con celo a organizar el Monasterio que se le había confiado. Numerosos ascetas rusos acudían allí, “a las alturas”, en busca de una formación monástica más elevada.

Según las enseñanzas del Abad Atanasio, transmitidas por Epifanio el Sabio, ser monje no era tarea fácil: “El deber del monje consiste en velar en oración y en la observancia de los preceptos divinos hasta la medianoche, y a veces durante toda la noche. No debe consumir más que pan y agua; el aceite e incluso el vino resultarían del todo inapropiados”. Atraídos por las palabras de éste Santo de Dios, muchos acudían al Monasterio de las alturas, “mas luego flaqueaban y, al no poder soportar la labor de la lucha ascética, huían”.

Al lado del Santo Abad permanecían aquellos ascetas de mayor temple monástico. Por ello, fue a éste Monasterio —y a su discípulo y compañero en la ascesis, Atanasio— a donde el Santo Abad Sergio de Rádonezh envió a su futuro sucesor, el Venerable Nikon (ru. Преподобный Никон, conmemorado el 17 de noviembre), para recibir la tonsura y orientación en la vida monástica. El Venerable Atanasio lo enseñó: “A los monjes se les llama mártires voluntarios. Muchos Santos Mártires sufrieron durante una sola hora antes de morir; en cambio, los monjes soportan sufrimientos cada día, no a manos de verdugos, sino desde su propio interior, debido a la naturaleza de la carne y a los enemigos espirituales. Son luchas constantes que padecen hasta su último aliento”.

En el año 1478, tras la dormición de san Alekséi, Metropolitano de Moscú, arribó a la ciudad el nuevo Metropolitano, san Cipriano (16 de septiembre). Sin embargo, el Gran Príncipe Demetrio del Don deseaba que su propio sacerdote y colaborador, Mikhaíl (Mitaya), ocupara el cargo de Metropolitano, por lo que no aceptó al Metropolitano Cipriano; en cambio, lo expulsó de Moscú.

San Cipriano se encontraba en una situación difícil. Sin embargo, halló apoyo y comprensión en los pilares de la vida monástica rusa: san Sergio de Rádonezh y san Atanasio de Vysotsk. Desde el principio, ellos reconocieron la legitimidad canónica del Metropolitano en su disputa con el Gran Príncipe y lo respaldaron en la prolongada lucha (1478-1490) por restaurar el orden canónico y la unidad de la Iglesia rusa. Durante esos años, san Cipriano hubo de viajar en varias ocasiones a Constantinopla para participar en las deliberaciones conciliares sobre el gobierno de la Iglesia rusa. En uno de éstos viajes, con la bendición del Santo Abad Sergio, san Atanasio de Vysotsk acompañó a Constantinopla a su amigo el Metropolitano, dejando a su propio discípulo, san Atanasio el Joven, como higúmeno del Monasterio de Vysotsk.

Arribando a Constantinopla, san Atanasio se estableció en el Monasterio de san Juan Precursor y Bautista (gr. Μονή του Αγίου Ιωάννη του Προδρόμου εν τοις Στουδίου), donde halló una celda para sí mismo y para varios discípulos que lo habían acompañado. San Atanasio se dedicó a la oración y al estudio de libros teológicos salvíficos. El monje pasó cerca de veinte años en la capital de la cultura eclesiástica, traduciendo obras del griego y copiando libros litúrgicos que luego enviaba a la Rus’. De éste modo, transmitió a la Iglesia rusa no solo el legado del gran pensamiento ortodoxo, sino también las tradiciones de los maestros constantinopolitanos de la iluminación de manuscritos —con su elegante caligrafía y el arte de las miniaturas textuales—, alcanzando una armonía entre forma y contenido. Se estableció así un vínculo creativo continuo entre la diestra labor de copia de libros obrada por san Atanasio en Constantinopla y la escuela caligráfica e iconográfica del Monasterio de Vysotsk, en Sérpujov.

No fue casualidad que fuera precisamente en el Monasterio de Vysotsk donde el Santo Higúmeno Nikon guiara al futuro iconógrafo san Andréi Rubliov (ru. Преподобный Андрей Рублёв, 04 de julio), tal como en su día el Abad Sergio —portador de Dios— había guiado al propio Nikon, en ese mismo monasterio, hacia la madurez espiritual y la comprensión del espíritu renovador y transformador de la pura belleza eclesiástica.

En éste servicio sagrado a la belleza eclesiástica, y en una constante actividad litúrgica para gloria de la Trinidad Vivificante, maduró el genio vivificador de san Andréi. Dios lo destinó a realizar la gran representación visual del legado teológico y litúrgico de san Sergio, plasmada en el icono inmortal y obrador de milagros de la Santísima Trinidad para el iconostasio de la catedral de la Trinidad. En la creatividad iconográfica de san Andrés Rubliov, al igual que en la labor de construcción de templos de san Nikon y en las obras hagiográficas de Epifanio el Sabio, hallamos la encarnación y síntesis de las mejores tradiciones del arte bizantino y ruso.

Así mismo, san Atanasio de Vysotsk dedicó su vida a ésta síntesis creativa. Mientras residía en Constantinopla, continuó obrando en beneficio de la Iglesia rusa y de su tierra natal. Por citar solo un ejemplo, envió al Monasterio de Vysotsk diez iconos del más refinado estilo griego. Él y sus discípulos tradujeron al eslavo los “Cuatrocientos Capítulos” de san Máximo el Confesor, los capítulos de Marcos sobre los oficios eclesiásticos y los discursos de san Simeón el Nuevo Teólogo.

En el año 1401, poco antes de su dormición, el Venerable Anciano copió —y posiblemente tradujo él mismo— una norma litúrgica que circuló en la Iglesia rusa bajo el título de “El Ojo de la Iglesia”.

San Atanasio pasó su vida dedicado a una labor constante con los libros. Durmió en el Señor en Constantinopla, ya anciano, en el año 1401 (o tal vez poco después). Los cronistas rusos lo describen como un Anciano (ru. Старец, gr. Γέροντας) “virtuoso, culto y conocedor de las Sagradas Escrituras”, de lo cual dan testimonio “sus propios escritos”. Su vida fue redactada en el año 1697 por el Hieromonje Karion (Istomin), del Monasterio moscovita de Chudov.

El sucesor y discípulo de san Atanasio, san Atanasio el Joven, dirigió con acierto la vida espiritual de la hermandad y ofreció un ejemplo mediante su propia vida, agradable a los ojos de Dios. San Atanasio el Joven reposó tras una larga enfermedad el día 12 del mes de septiembre del año 1395. En los antiguos manuscritos sobre los Santos se dice de él: “San Atanasio, Higúmeno del Monasterio de la Concepción de Vysotsk en Sérpujov, nuevo taumaturgo que reposó en el año 6904 (1395) el día doce de septiembre; discípulo de san Atanasio —a su vez admirable discípulo de san Sergio—, quien más tarde permaneció en Constantinopla y allí reposó”.



REFERENCIAS

Orthodox Church in America. (2026). Venerable Athanasius of Serpukhov. New York, Estados Unidos: OCA.

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