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VENERABLE TEODORO DE SANAXAR

conmemorado el 19 de febrero.


El Venerable Teodoro de Sanaxar (ru. Преподобный Феодор Санаксарский, en el mundo Iván Ignatyevich Ushakov, ru. Иван Игнатьевич Ушаков) nació cerca de la ciudad de Romanov, en la provincia de Yaroslavl, en el año 1719, hijo del príncipe Ignacio Ushakov (ru. Игнатий Ушаков) y su esposa Paraskevi (o Irene). En el Bautismo, recibió el nombre de Iván.

De joven, Iván Ushakov se alistó en el Regimiento de la Guardia Preobrazhensky de San Petersburgo y alcanzó el rango de sargento. La vida en la capital estaba plagada de grandes peligros espirituales para un joven, pero Dios lo libró del mal camino.

Cuando Iván tenía veinte años, en una fiesta con sus amigos, uno de ellos se desplomó repentinamente y murió. Todos experimentaron temor y tristeza, pero ésto pareció afectar a Iván más que a los demás. Éste incidente es notablemente similar a las circunstancias que rodearon la muerte del mayor Andrej Petrov, esposo de la Venerable Xenia de San Petersburgo (24 de enero), pero podría ser solo una coincidencia. Por consiguiente, Iván decidió abandonar San Petersburgo y morar el desierto, consagrándose a Dios. Mientras caminaba cerca de la ciudad de Yaroslavl vestido como jornalero, miró a su tío con sus siervos. Su tío no lo reconoció debido a su pobre vestimenta, pero Iván recordó su antigua vida de opulencia y comodidad. Pronto desechó éste pensamiento y se resolvió a vivir en el desierto.

Caminando por los bosques cerca del Mar Blanco, Iván halló una celda abandonada, así que decidió permanecer allí en soledad y orar a Dios. Vivió allí tres años inmerso en gran penuria y aflicción. Las regulaciones gubernamentales de la época prohibían a los ciudadanos permitir que los monjes vivieran en los bosques. Cuando Iván arribó al pueblo en busca de provisiones, fue azotado casi hasta la muerte y se vio obligado a huir.

Iván finalmente llegó a la región al sur de Kiev, llegando al Monasterio de Ploschansk. Suplicó al Higúmeno que lo aceptara, alegando que era hijo de un sacerdote. No podía admitir ser sargento de la Guardia, ya que los obstáculos legales le habrían dificultado mucho entrar en la vida monástica.

El Higúmeno se rehusó largamente, porque no contaba con los documentos de identidad necesarios. Finalmente, aceptó a Iván y lo asignó a leer en la iglesia. Tras oírlo leer, el Higúmeno se percató de que Iván no provenía de una familia sacerdotal, sino que probablemente pertenecía a la nobleza. Temiendo problemas con las autoridades, lo ordenó vivir en el bosque, cerca del Monasterio, donde vivían otros ascetas. Encontró una celda vacía y recibió la bendición de éstos padres para permanecer allí.

Cuando un equipo de pesquisidores llegó al bosque en busca de monjes que vivieran allí ilegalmente, aprehendieron a Iván. Al no tener documentos y admitir ser sargento de la Guardia, lo condujeron a San Petersburgo y lo llevaron ante la emperatriz Isabel. Cuando lo llevaron ante la emperatriz, ella le preguntó: “¿Por qué desertaste de mi regimiento?”. Iván explicó que lo había hecho para salvar su alma. Isabel lo perdonó y estuvo dispuesta a restituirlo a su antiguo rango, pero Iván afirmó que no quería su vida ni su antiguo rango.

La emperatriz preguntó entonces por qué se había escabullido en secreto en lugar de pedir su baja. Iván respondió: “Si hubiera perturbado a Su Majestad con semejante petición, no habría creído que un joven como yo pudiera soportar semejante carga. He sido puesto a prueba en la vida espiritual y pido a Su Majestad que me conceda Su Bendición para perseverar en ella hasta mi muerte”.

La emperatriz Isabel accedió, pero estipuló que permaneciera en la Lavra de San Aleksándr Nevsky en San Petersburgo. Poco después, por expresa orden suya, Iván fue tonsurado en agosto del año 1748 a la edad de veintinueve años. El Arzobispo Teodosio, quien entonces presidía el Monasterio, ordenó que se le diera el nombre de Teodoro, en honor a San Teodoro de Yaroslavl (19 de septiembre).

Mientras el padre Teodoro permaneció en la Lavra, la gente lo visitaba y le preguntaba cómo agradar a Dios en la vida mundana. Él intentaba explicarles que allí había monjes más grandes y sabios que podrían instruirlos mejor que él. Aun así, insistían, así que intentó ayudarlos. Sin embargo, se dio cuenta de que no siempre podía responder a sus preguntas ni encontrar soluciones a sus problemas, así que comenzó a leer las obras de los Santos Padres de la Iglesia, especialmente las obras de San Juan Crisóstomo, pidiendo a Dios que lo iluminara para poder comprender las Escrituras y las enseñanzas de los Padres. Aprendió mucho de sus lecturas y pudo instruir al pueblo para su salud espiritual. Ésto azuzó la envidia entre algunos monjes mayores, quienes se quejaron ante el Arzobispo de que éste joven monje atraía a la gente y perturbaba la quietud del Monasterio. El jerarca ordenó que se prohibiera la entrada a cualquier visitante que solicitara ver al padre Teodoro.

El padre Teodoro acudió al administrador del Monasterio para preguntar por qué la gente no podía verlo. Le dijeron que debido a que pretendía instruir a la gente, atrayendo a no pocos visitantes, el itinerario del Monasterio se trastocó. “Si hay algo en mis enseñanzas que le parezca ilícito a Su Eminencia”, respondió el padre Teodoro, “que me cuestione. Sin embargo, es un pecado causar dolor innecesario a quienes buscan el bien espiritual”.

Enfurecido, el Arzobispo, ordenó que se permitiera volver a ver al padre Teodoro. Los celos y las adversidades persistieron durante diez años, y el padre Teodoro soportó las pruebas con paciencia. En el año 1757, quiso trasladarse al Monasterio de Sarov, y cuando los hermanos de la Lavra se enteraron, insistieron en que presentara una solicitud por escrito.

Tras obtener su liberación, el padre Teodoro abandonó San Petersburgo con muchos de sus discípulos, hombres y mujeres. De camino, se detuvieron en el Convento de San Nicolás en Arzamas, donde alojó a sus discípulas. Pronto se trasladaron al Convento de San Alekséi, que se encontraba vacío. Los discípulos varones lo acompañaron a Sarov.

En el año 1759, tras dos años en Sarov, el padre Teodoro solicitó al Higúmeno Efraín la cesión del Monasterio de Sanaxar, dado el aumento del número de sus discípulos. Sanaxar, fundado en 1659, fue clausurado por el zar Pedro I en la primera mitad del siglo XVIII, quedando la propiedad bajo la administración del Monasterio de Sarov. Tras trasladarse a la ermita de Sanaxar, el padre Teodoro inició la construcción de celdas y almacenes. El Obispo Pacomio de Tambov nombró como Superior al padre Teodoro. Así mismo ordenó al reticente padre Teodoro al santo sacerdocio el 13 de diciembre de 1762. El padre Teodoro comenzó a poner orden, estableciendo una regla para la celebración reverente y pausada de los servicios. También estableció una regla de celdas para los monjes. Todos participaban en la obra (excepto los demasiado mayores o demasiado enfermos), incluido el superior.

El número de monjes en Sanaxar se acrecentaba, pero no todos habían sido tonsurados. Era necesario obtener permiso para tonsurarlos, ya que el número de monjes permitidos para vivir en un Monasterio estaba regulado por ley. El 23 de abril de 1763, la emperatriz Catalina II decretó que todos los monjes del padre Teodoro debían ser tonsurados. Al año siguiente, emitió un decreto que limitaba el número de Monasterios; aquellos que no estuvieran específicamente aprobados serían clausurados.

La ermita de Sanaxar se encontraba entre las instituciones monásticas programadas para ser clausuradas, pero permaneció abierta gracias a los esfuerzos del Venerable padre Teodoro. El padre Teodoro fue elevado al rango de Higúmeno en octubre de 1764, y Sanaxar fue reclasificado como Monasterio el 07 de marzo de 1765.

Debido al número de hermanos, se hizo necesario construir una iglesia de piedra más grande para reemplazar la pequeña iglesia de madera. Se excavaron los cimientos y se sirvió un Molieben en el sitio. De pronto, un enjambre de abejas llegó y se posó en el lugar donde se ubicaría el altar. Ésto se interpretó como una señal de un aumento en el número de hermanos y de una abundancia de gracia en el Monasterio.

Según el libro de N. Subbotin de 1862 sobre el Archimandrita Teófanes del Monasterio de San Cirilo de Novoezezrsk (quien era novicio en Sanaxar al mismo tiempo que san Germán), el Higúmeno Teodoro ordenó a un monje de nombre Germán que introdujera las abejas en una colmena. Es probable que éste fuera el futuro san Germán de Alaska (13 de diciembre). En otra edición del libro, el nombre del hermano aparece como Gerásimos. Pasado éste relato, Subbotin menciona al “Padre Germán, que ahora se encuentra en América”. La discrepancia en los nombres podría explicarse si el nombre de san Germán antes de su tonsura era Gerásimos. San Germán, en una de sus cartas al padre Nazarius, dice que tenía amigos en Sarov y Sanaxar, por lo que san Teodoro pudo haber sido uno de sus primeros instructores.

San Teodoro visitó en una ocasión a san Tikhon (ru. Тихон, 13 de agosto) en el Monasterio de Zadonsk. Se desconoce cuánto tiempo hacía que se conocían, pero el Obispo emérito lo recibió afectuosamente. Ésta visita fue providencial, pues san Tikhon también conocía lo que era sufrir ofensas de superiores, monjes mundanos y laicos. Quizás incluso aconsejó al Padre Teodoro sobre cómo afrontar las pruebas que le aguardaban.

Cuando el Padre Teodoro retornó a Sanaxar, un mensajero lo entregó un edicto real. Éste ordenaba su exilio al Monasterio de Solovkí por alborotador. Fue privado del rango de Higúmeno y de Hieromonje, y el Superior de Solovkí recibió la orden de vigilarlo de cerca. El padre Teodoro permaneció allí nueve años (1774-1783). Su liberación se produjo gracias a su discípulo, el Archimandrita Teófanes (Sokolov), quien se encontraba asignado como asistente de celda del Metropolitano Gabriel de San Petersburgo. Deseoso de ayudar a su Anciano, el padre Teófanes informó al Metropolitano sobre la situación del padre Teodoro. Su Eminencia le pidió al padre Teófanes que preparara un memorándum que detallara los hechos del caso. Como resultado, el Metropolitano Gabriel solicitó a la emperatriz Catalina II que liberara al padre Teodoro y le permitiera regresar a Sanaxar. El 18 de abril de 1783, emitió un decreto autorizando su liberación. Debido a su debilitado estado por el frío y el humo de las estufas, demoró largamente en regresar a Sanaxar. Arribó al Monasterio de Arzamas el 09 de octubre de 1783, donde fue recibido por las hermanas y por dos hieromonjes de Sanaxar. Otros también estuvieron presentes para recibir al Anciano: superiores de otros Monasterios, nobles respetados, comerciantes y hombres y mujeres comunes. Permaneció alrededor de una semana, instruyendo a las monjas a diario. Finalmente, se preparó para regresar a Sanaxar. Toda la hermandad fue a recibirlo en el ferry del río Moksha. Tras recibir su bendición, lo acompañaron en el camino a Sanaxar. El padre Teodoro agradeció a los hermanos su continuo amor y por hacer plena la iglesia sin él.

A los pocos días de su regreso, el padre Teodoro enfrentó una nueva persecución. El hierodiácono Hilarión lo acusó de ser “hereje y ateo” y presentó éstas acusaciones ante el Santo Sínodo. Éste determinó que el hierodiácono Hilarión era culpable y debía ser castigado. Posteriormente, pidió perdón al padre Teodoro delante de toda la comunidad.

El Superior del Monasterio, el padre Benedicto, estaba celoso del padre Teodoro debido a la multitud de visitantes que acudían a verlo. Se quejó al Obispo local, alegando que la quietud del Monasterio se veía perturbada por la gran cantidad de gente. Se enviaron investigadores, pero no entrevistaron a nadie que pudiera haber dicho algo favorable al padre Teodoro. Como resultado, se le prohibió al padre Teodoro recibir visitas.

Una vez más, el padre Teófanes puso la difícil situación del Anciano en conocimiento del Metropolitano Gabriel. Su Eminencia envió una nota manifestando su buena disposición hacia el padre Teodoro. Como resultado, se le concedió un poco más de libertad, pero sus discípulos solo podían buscar su consejo por carta.

El padre Benedicto enfermó, y el padre Teodoro fue a su celda a pedirle perdón. El padre Benedicto se volvió hacia la pared y se negó a hablar con el AncianoTedoro. Tras sufrir un tiempo, el padre Benedicto falleció el 27 de diciembre de 1778.

Tras la muerte del Superior, al padre Teodoro se le permitió de nuevo visitar a las monjas del Convento de San Alekséi de Arzamas. Tras pronunciar una emotiva homilía sobre el Salmo 136 (“Junto a los ríos de Babilonia”), dejó Arzamas e hizo una parada en el Monasterio de Sarov. Allí pidió perdón a todos y regresó rápidamente a Sanaxar. Arribó el miércoles de la Semana del Queso y habló con sus discípulos en su celda alrededor del mediodía. Luego los despidió para que regresaran a sus celdas.

Dos nobles discípulos de san Teodoro permanecieron para pedir su consejo. De pronto, su expresión cambió y comenzó a llorar durante unos quince minutos, lamentando sus pecados en su juventud. Luego los mandó a sus celdas, diciendo que se sentía débil.

No era raro que el Anciano estuviera enfermo, pero ésta debilidad parecía inusual. Sus dos discípulos partieron y regresaron a sus celdas. Poco después, su asistente de celda llamó a la puerta con la oración habitual, pero no recibió respuesta. Entró en la celda y encontró al padre Teodoro recostado en su cama, orando, así que salió y se lo contó a los hermanos. Todos fueron a verlo, pero él no habló.

Unas cinco horas después, alrededor de las nueve de la noche del día 19 de febrero de 1791, El Venerable Teodoro de Sanaxar entregó su alma a Dios.

Las reliquias de san Teodoro fueron descubiertas el día 21 de abril de 1999, y fue glorificado para veneración local el día 28 de junio de 1999. Fue glorificado para veneración nacional por la Iglesia Ortodoxa de Rusia en el año 2004.

Al Venerable Teodoro de Sanaxar, a quien se lo conmemora, así mismo, el 21 de abril (Descubrimiento de sus Reliquias en 1999), no debe confundirse con su célebre pariente san Teodoro (Ushakov), Almirante de la Flota Rusa (02 de octubre).



REFERENCIAS

Orthodox Church in America. (2026). Venerable Theodore of Sanaxar. New York, Estados Unidos: OCA.

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