REPOSO DE SAN ALEXIS TOTH, CONFESOR Y DEFENSOR DE LA FE ORTODOXA EN AMÉRICA
- monasteriodelasant6
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conmemorado el 07 de mayo.

Nuestro Santo Padre Alexis Toth, defensor de la fe ortodoxa y devoto obrero en la viña del Señor, nació en Austria-Hungría el día 18 de marzo del año 1854 en el seno de una humilde familia carpato-rusa. Como muchos otros en el imperio austrohúngaro, los Toth eran católicos de rito oriental. El padre y el hermano de Alexis eran presbíteros, y su tío era obispo de la iglesia uniata (iglesia oriental que, unida a la católica, conserva su liturgia propia, DLERAE).
San Alexis recibió una excelente educación y dominaba varios idiomas (carpato-ruso, húngaro, ruso, alemán, latín y tenía conocimientos básicos de griego). Contrajo nupcias con Rosalie Mihalich, hija de un sacerdote, y fue ordenado sacerdote el día 18 de abril del año 1878 para servir como segundo sacerdote en una parroquia uniata. Su esposa durmió en el Señor poco después, seguida de su único hijo; pérdidas que el Santo soportó con la paciencia de Job.
En mayo de 1879, el padre Alexis fue nombrado secretario del obispo de Presov y también administrador de la diócesis. También se le confió la dirección de un orfanato. En el Seminario Presov, el padre Toth impartió clases de Historia de la Iglesia y Derecho Canónico, conocimientos que le fueron de gran utilidad en su vida posterior en Estados Unidos. San Alexis no ejerció largo tiempo como profesor ni como administrador, pues el Señor lo tenía reservado un porvenir diferente. En octubre de 1889 fue nombrado párroco de una parroquia uniata en Minneapolis, Minnesota. Como otro Abraham, dejó su país y a sus familiares para cumplir la voluntad de Dios (Gn 12:1).
A su llegada a Estados Unidos, el padre Alexis se presentó ante la autoridad diocesana católica local, el arzobispo John Ireland, ya que en aquel entonces no había ningún obispo uniata en el país. El arzobispo Ireland pertenecía al grupo de católicos estadounidenses que abogaban por la «americanización» de todo católico. Su visión de futuro se basaba en una fe y costumbres comunes, y en el uso del inglés para todo, excepto para las celebraciones litúrgicas. Naturalmente, las parroquias étnicas y el clero de rito no latino no encajaban en esta visión. Así, cuando el padre Toth arribó para presentar sus credenciales, el arzobispo Ireland lo recibió con abierta hostilidad. Se negó a reconocerlo como sacerdote católico legítimo y a autorizarlo para ejercer en su diócesis.
Como historiador y profesor de Derecho Canónico, el padre Toth conocía sus derechos según los términos de la unia y no aceptó las decisiones injustas del arzobispo Ireland. En octubre de 1890, se celebró una reunión de ocho de los diez sacerdotes uniatas en América en Wilkes-Barre, Pensilvania, presidida por el padre Toth. Para entonces, los obispos estadounidenses habían escrito a Roma exigiendo el regreso a Europa de todos los sacerdotes uniatas en América, temiendo que los sacerdotes y las parroquias uniatas obstaculizaran la integración de los inmigrantes en la cultura estadounidense. Los obispos uniatas en Europa se negaron a escuchar las súplicas de ayuda de los sacerdotes.
El arzobispo Ireland envió una carta a sus parroquias ordenando a sus feligreses que no asistieran a la parroquia del padre Toth ni aceptaran ningún ministerio sacerdotal de su parte. Ante la inminente deportación, el padre Toth explicó la situación a sus feligreses y sugirió que lo mejor sería marcharse y regresar a Europa.
“No”, respondieron. “Vayamos al obispo ruso. ¿Por qué someternos siempre a extranjeros?”. Decidieron escribir al cónsul ruso en San Francisco para solicitar el nombre y la dirección del obispo. Ivan Mlinar viajó a San Francisco para contactar inicialmente con el obispo Vladimir; en febrero de 1891, el padre Toth y su sacristán, Paul Podany, también hicieron el viaje. Posteriormente, el obispo Vladimir arribó a Minneapolis y el 25 de marzo de 1891 recibió al padre Toth y a más de trescientos feligreses en la iglesia ortodoxa de sus antecesores. Los feligreses consideraron éste acontecimiento un nuevo triunfo de la Ortodoxia, exclamando con alegría: “¡Gloria a Dios por su gran misericordia!”.
Ésta iniciativa surgió del propio pueblo y no fue resultado de ninguna coacción externa. La iglesia ortodoxa rusa desconocía la existencia de éstos inmigrantes eslavos uniatas en América, pero respondió positivamente a su petición de reintegrarse a la iglesia ortodoxa.
El ejemplo de san Alexis y su parroquia al retornar a la ortodoxia fue un estímulo para cientos de otros uniatas. Su figura, siempre recordada, era como una luz sobre un candelero que alumbra a los demás (Mt 5:15), y su rebaño puede compararse con la levadura mezclada con la harina que fermenta toda la masa (Mt 13:33). Mediante su valerosa predicación, arrancó de raíz la cizaña que había brotado entre el trigo de la verdadera doctrina y expuso las falsas enseñanzas que habían extraviado a su pueblo. Si bien no dudó en señalar los errores en las doctrinas de otras denominaciones, se cuidó de advertir a su rebaño contra la intolerancia. Sus escritos y sermones están plenos de exhortaciones a respetar a los demás y a abstenerse de atacar su fe.
Si bien es cierto que pronunció algunos comentarios contundentes, especialmente en su correspondencia privada con la administración eclesiástica, cabe recordar que ésto ocurrió mientras defendía a la Iglesia Ortodoxa y a la Misión Americana de acusaciones infundadas de personas que empleaban un lenguaje mucho más duro que el del padre Toth. Sus oponentes se caracterizaban por la intolerancia, la incultura, los métodos poco éticos y las amenazas contra él y sus feligreses. Sin embargo, cuando el padre Alexis se sentía ofendido o engañado por otros, los perdonaba, y a menudo pedía a su obispo que perdonara sus omisiones y errores.
En medio de grandes dificultades, éste emisario de la teología piadosa y la sana doctrina prodigó un torrente inagotable de escritos ortodoxos para los nuevos conversos y ofreció consejos prácticos sobre cómo vivir según los preceptos ortodoxos. Por ejemplo, su artículo “Cómo Debemos Vivir En América” subraya la importancia de la educación, la limpieza, la sobriedad y la presencia de los niños en la iglesia los domingos y días festivos.
Aunque la parroquia de Minneapolis fue recibida en la Iglesia Ortodoxa en marzo del año 1891, no fue hasta julio de 1892 que el Santo Sínodo de Rusia la reconoció y la incorporó a la Diócesis de Alaska y las Islas Aleutianas. Dicha resolución se comunicó a Estados Unidos hasta octubre de 1892. Durante ese tiempo, reinaba un clima de hostilidad religiosa y étnica contra los nuevos conversos. El padre Alexis fue acusado de traicionar al pueblo cárpato-ruso y a su religión en favor de los moscovitas por lucro.
En realidad, por largo tiempo no recibió ningún apoyo económico, pues su parroquia era muy pobre. Hasta que comenzó a recibir su salario sacerdotal de Rusia, el piadoso sacerdote se vio obligado a trabajar en una panadería para subsistir. A pesar de sus escasos recursos, no dejó de dar limosna a los pobres y necesitados. Compartió su sustento con otros clérigos en peor situación que él y contribuyó a la edificación de iglesias y a la formación de seminaristas en Minneapolis. No se afanaba por su vida (Mt 6:25), ni por lo que tomaría como alimento, bebería o vestiría. Confiando en que Dios cuidaría de él, san Alexis siguió la exhortación de Nuestro Salvador: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt 6:33). Así, soportó la tribulación, las calumnias y la violencia con paciencia y gozo espiritual, recordándonos que “la piedad es más fuerte que todo” (Sabiduría de Salomón 10:12).
Los Obispos Vladimir, Nicolás, Platón y san Tikhon reconocieron los dones especiales del padre Toth, por lo que a menudo lo enviaban a predicar y enseñar dondequiera que hubiera personas de origen eslavo. Aún siendo consciente de sus limitaciones e insuficiencias, obedeció las instrucciones de los obispos. No dudó ni puso excusas, sino que acudió de inmediato a cumplir su misión. San Aelxis visitó numerosas parroquias uniatas, explicando las diferencias entre la ortodoxia, el protestantismo, el catolicismo romano y el uniatismo, e insistiendo en que el verdadero camino a la salvación se encuentra en la ortodoxia.
Al igual que Josías, “se comportó con rectitud en la conversión de su pueblo” (Sir 49:2). Fue fundamental en la formación o retorno de diecisiete parroquias, sembrando una viña de Cristo en América y multiplicando su fructífera producción en numerosas ocasiones. Para el año 1909, año de su bendita dormición, miles de uniatas carpatorrusos y gallegos habían retornado a la ortodoxia. Éste fue un acontecimiento sustancial en la historia de la Misión en Norteamérica, que continuaría marcando el futuro de la ortodoxia en dicho país durante muchas generaciones. Cualquier crecimiento o éxito futuro puede considerarse, con toda razón, resultado de la labor apostólica del Santo Padre Alexis Toth.
¿Quién puede hablar de las luchas espirituales del Santo? ¿Quién puede hablar de las oraciones que su alma piadosa elevó a Dios? No hizo alarde público de su piedad, sino que oró a Dios en secreto con toda modestia, contrición y lágrimas en su interior. Dios, que ve todo lo que se hace en secreto, recompensó públicamente al Santo (Mt 6:6). Es inconcebible que san Alexis hubiera podido realizar su labor apostólica si Dios no lo hubiera bendecido y fortalecido para tal labor. Hoy la Iglesia sigue cosechando los frutos de su enseñanza y predicación.
Los esfuerzos del padre Alexis no pasaron desapercibidos en vida. Recibió una mitra enjoyada del Santo Sínodo, así como la Orden de San Vladimir y la Orden de Santa Ana del zar Nicolás II por su distinguido servicio y devoción a Dios y a la patria. En el año 1907, fue considerado como candidato al episcopado. Sin embargo, rechazó tal honor, señalando humildemente que esa responsabilidad debía recaer en un hombre más joven y con mejor salud.
A finales de 1908, la salud de san Alexis comenzó a deteriorarse debido a una serie de enfermedades. Viajó a la costa del sur de Nueva Jersey para intentar recuperarse, pero pronto regresó a Wilkes-Barre, donde permaneció postrado en cama durante dos meses. El Santo y Justo Alexis durmió en el Señor el viernes 07 de mayo del año 1909 (24 de abril según el calendario antiguo), Festividad de los Santos Sabas y Alekséi el Ermitaño de las Cuevas de Kiev. El amor y la preocupación de san Alexis por sus hijos espirituales perduraron tras su dormición. Antes de concluir el relato de su vida, conviene revelar un ejemplo de su intercesión divina.
En enero de 1993, un hombre oró a san Alexis para que lo ayudara a obtener información sobre su hijo, de quien llevaba veintiocho años separado. Confiando en la valentía del Santo ante Dios, esperó la respuesta a su plegaria. Al día siguiente, su hijo lo llamó por teléfono. Al parecer, el joven se encontraba en la iglesia cuando sintió un deseo irrefrenable de contactar a su padre. Su madre lo había llevado a otro estado y le había cambiado el nombre cuando era niño. Por eso su padre no podía localizarlo. Tras enterarse por su madre de que su padre era cristiano ortodoxo, con la ayuda de un sacerdote ortodoxo, logró obtener su número de teléfono en una ciudad lejana. Gracias a esa llamada, el joven visitó a su padre, quien se alegró enormemente al ver en quién se había convertido su hijo. El padre dio gracias a Dios y a san Alexis por haberlo reunido con su hijo.
San Alexis Toth fue un verdadero hombre de Dios que acompañó y guio a numerosos inmigrantes carpatorrusos y gallegos a través de la oscura confusión de los desafíos religiosos en el Nuevo Mundo, devolviéndolos a la unidad de la Iglesia Ortodoxa con sus palabras plena de gracia y su santo ejemplo. En su testamento, san Alexis encomendó su alma a la misericordia de Dios, pidiendo perdón a todos y perdonando a todos. Sus santas reliquias descansan hoy en el Monasterio de San Tikhon en el municipio de South Canaan, Pensilvania, donde los fieles pueden acudir a venerarlas e implorar la intercesión de san Alexis.
REFERENCIAS
Orthodox Church in America. (2026). Repose of Saint Alexis Toth, Confessor and Defender of Orthodoxy in America. New York, Estados Unidos: OCA.





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