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SAN JACOB, ILUMINADOR DE LOS PUEBLOS DE ALASKA

conmemorado el 26 de julio.


San Jacob Yegorovich Netsvetov (ru. Яков Егорович Нецветов) de Alaska nació en el año 1802 en la isla Atka, en Alaska, hijo de padres devotos. Su padre, Yegor Vasílievich Netsvetov, era ruso, originario de Tobolsk. Su madre, María Alekseevna, era aleutiana, de la isla Atka. Yegor y María concibieron cuatro hijos que sobrevivieron a la infancia: Jacob fue el primogénito, seguido de Osip (ru. Осип), Elena y Antony. Yegor y María se entregaron por completo a sus hijos y, a pesar de sus escasos recursos, hicieron todo lo posible por brindarles la educación que les sería útil tanto en ésta vida como en la venidera. Osip y Antony finalmente pudieron estudiar en la Academia Naval de San Petersburgo, en Rusia, donde se convirtieron en oficial naval y constructor de barcos, respectivamente. Su hermana, Elena, se casó con un empleado exitoso y respetado de la Compañía ruso-estadounidense. Pero Jacob anhelaba un éxito diferente, un éxito que el mundo podría considerar un fracaso, pues «Los justos viven para siempre, y su recompensa está junto al Señor: cuidan de ellos en casa del Altísimo» (Sabiduría de Salomón, 5:15). Así pues, cuando la familia se mudó a Irkutsk en el año 1823, Jacob se matriculó en el Seminario Teológico de Irkutsk y depositó su esperanza entera en Cristo, buscando primero el Reino de Dios (Mt 6:33).

Jacob fue tonsurado como subdiácono el 1° de octubre del año 1825. Se casó con una mujer rusa (quizás también criolla) llamada Anna Simeonovna, y en el año 1826 se graduó del seminario con títulos en historia y teología. El 31 de octubre de 1826, fue ordenado diácono y asignado al altar de la iglesia de la Santísima Trinidad y San Pedro en Irkutsk. Dos años después, el 04 de marzo del año 1828, el Arzobispo Miguel, quien anteriormente había ordenado al presbítero Iván Veniamínov (el Santo Metropolitano Inocencio, ru. Митрополит Иннокентий), elevó al piadoso diácono Jacob al sacerdocio. Sin embargo, ésta no fue una ordenación ordinaria. Como si fuera un nuevo Patricio, escuchando el llamado místico de su distante rebaño, el padre Jacob anhelaba retornar a su natal Alaska. Y el Dios todopoderoso, que “sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta” (Sal 107:9), escuchó la oración de Su siervo.

El arzobispo Michael entregó al padre Jacob dos Antimensia: una para la nueva iglesia que se dedicaría para gloria de Dios en honor a san Nicolás el Taumaturgo en Atka, y otra para actividades misioneras. El 1° de mayo de 1828 se celebró un Molieben para viajeros, y el padre Jacob, su padre, Yegor (ahora tonsurado como lector de la iglesia de Atka), y su Mátushka, Anna, partieron hacia Alaska.

¿Quién puede contar los peligros y las dificultades que conllevaba semejante viaje? Viajar en aquellos tiempos jamás era cosa sencilla, ni por tierra ni por mar. Sin embargo, gracias a la oración y la confianza en la providencia divina, la familia Netsvetov llegó sana y salva a Atka más de un año después, el 15 de junio de 1829. La nueva misión del recién ordenado padre Jacob también resultaría ser todo un reto. La “parroquia” de Atka abarcaba un territorio poco más de tres mil kilómetros, comprendiendo Amchitka, Attu, Copper, Bering y las islas Kuriles. Pero ésto no desanimó al piadoso joven sacerdote, pues al ser revestido con las vestiduras del sacerdocio, se le halló “cubierto de celo como de manto” (cfr. Is 59:17), y así se entregó por completo a su sagrado ministerio. Su profundo amor por Dios y por su rebaño era evidente en todo cuanto hacía. Tanto en Atka como en las aldeas y asentamientos lejanos que visitaba, el padre Jacob se ofrecía como “sacrificio vivo” (Rm 12:1). Sin “afanarse por su vida” (cfr. Mt 6:25), el Santo soportó múltiples tormentos de frío, humedad, viento, enfermedad, hambre y agotamiento, pues para él la vida era Cristo (Flp 1:21). Siendo un “ejemplo de fe”, su ejemplo llevó a su pueblo a un profundo compromiso con su propia salvación. Siendo completamente bilingüe y bicultural, el padre Jacob fue bendecido de manera singular por Dios para cuidar las almas de sus compatriotas de Alaska.

Cuando arribó a Atka, la iglesia de San Nicolás aún no se había construido. Así que, con sus propias manos, el padre Jacob erigió una gran tienda (Hch 18:3) en la que celebraba los servicios religiosos. Para el padre Jacob, los servicios de la Iglesia eran vida: vida para su pueblo y vida para sí mismo. En la adoración a Dios encontraba fuerza y ​​alegría. Más tarde, llevaría consigo ésta tienda en sus viajes misioneros, y como Moisés en el desierto, la gracia de Dios se manifestaba dondequiera que la llevaba (Nm 4:1; 10:17).

Al término de sus primeros seis meses (finales de 1829), el padre Jacob registró que había impartido el Santo Bautismo a 16 personas, la Santa Crismación a 442, desposado a 53 parejas y enterrado a 8.

Una vez erigida la iglesia, el padre Jacob centró su atención en la construcción de una escuela donde los niños aprenderían a leer y escribir tanto ruso como aleutiano unangan. La Compañía ruso-americana brindó apoyo inicial, y los alumnos aportaron el resto. Ésto perduró hasta el año 1841, cuando la escuela se reorganizó como parroquia y se interrumpieron los vínculos con la compañía. El padre Jacob demostró ser un educador y traductor talentoso, cuyos alumnos se convirtieron en destacados líderes aleutianos de la siguiente generación.

El padre Netsvetov llevó una vida física e intelectual activa, cazando y recolectando para su subsistencia, preparando ejemplares de peces y animales marinos para los museos de historia natural de Moscú y San Petersburgo, sosteniendo una comunicación epistolar con san Inocencio sobre temas de lingüística y traducción. Obró arduamente en la creación de un alfabeto adecuado para la lengua unangan-aleutiana y en la traducción de las Sagradas Escrituras y otra literatura pertinente a dicha lengua. San Inocencio elogió al joven pastor por su santidad de vida, su enseñanza y por continuar la labor de traducción que él mismo había iniciado entre los pueblos nativos. Tras quince años de servicio, el padre Jacob fue condecorado con la nabedrennik (ru. набедренникъ), la kamilavka (ru. камилавка, bonete) y la Cruz de Oro. Posteriormente, fue nombrado Arcipreste y recibió la Orden de Santa Ana.

Dichos reconocimientos eclesiásticos no dan cuenta de los sufrimientos personales de éste adalid de Cristo. En marzo del año 1836, su amada esposa, Anna, expiró a causa del cáncer; su casa se incendió en julio de ese mismo año; y su querido padre, Yegor, falleció de una enfermedad indeterminada en el año 1837. ¿Quién puede expresar la profundidad del dolor que sintió éste hombre que tanto agradó a Dios? Sin embargo, alzó su voz junto a la de aquel antiguo sufriente y exclamó: “¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (Jb 2:10). En su diario, el padre Jacob atribuyó todo a “la Voluntad de Aquel cuyas Providencia y Voluntad son inescrutables y cuyas acciones para con los hombres son incomprensibles”. Soportó con paciencia las adversidades y los sufrimientos, como Pablo, Santo Apóstol de Cristo. Contempló en tal desventura no una victoria del enemigo de las almas (es decir, el diablo), sino un llamado de Dios a luchas espirituales aún mayores. Con ésto en mente, el padre Jacob solicitó a su obispo titular permiso para regresar a Irkutsk e ingresar a la vida monástica. Un año después, recibió la noticia de que se le había concedido el permiso, condicionado a la llegada de un sustituto. Nadie llegó jamás.

En cambio, el obispo Inocencio pronto arribó a Atka y pidió al padre Jacob que lo acompañara en un viaje en barco a Kamchatka. ¿Quién puede saber el coloquio celestial que disfrutaron éstos dos amantes de Cristo mientras viajaban por las olas? Sin embargo, ésto es claro: el Santo Arzobispo logró tres cosas en el padre Netsvetov. Primero, le aplicó el bálsamo sanador del Espíritu con palabras de consolación; segundo, disuadió al padre Jacob de ingresar al Monasterio; en tercer lugar, reveló al piadoso sacerdote el verdadero plan del Salvador para su vida: que predicara a Cristo entre los gentiles (Gl 1:16) en lo hondo del interior de Alaska. El padre Jacob continuó sirviendo a su dispersa congregación de la parroquia de Atka hasta el día 30 de diciembre de 1844. Un nuevo celo se apoderó de él, y fue entonces cuando san Inocencio lo designó para dirigir la nueva Misión de Kvikhpak con el fin de llevar la luz de Cristo a la gente del Yukón. Allí, con la ayuda de dos jóvenes criollos, Innokentii Shayashnikov y Konstantin Lukin, junto con su joven sobrino, Vasili Netsvetov, el padre Jacob se estableció en la inhóspita región de Alaska.

Aprendió nuevos idiomas, se integró a nuevos pueblos y culturas, ideó un nuevo alfabeto, fundó una nueva iglesia y una comunidad ortodoxa, y durante los siguientes veinte años, hasta que su salud y visión se deterioraron, continuó siendo un faro evangélico de la gracia de Dios en el suroeste de Alaska.

Estableciendo su sede en la aldea esquimal yupik de Ikogmiute (actualmente la Misión Rusa), viajó a asentamientos indígenas a lo largo de cientos de kilómetros del río Yukón, el más largo de Alaska, así como a la región del río Kuskokwim. A petición de los líderes indígenas, llegó hasta la mitad del río Innoko, bautizando a cientos de indígenas de diversas tribus, muchas de ellas otrora hostiles. “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Sal 133:1). Construyó el primer templo cristiano de la región y lo dedicó a la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Aquí, el padre Jacob, a pesar de su delicada salud, celebró con alegría el ciclo litúrgico de la Iglesia, incluyendo todos los servicios prescritos para la Semana Santa y la Pascua.

Finalmente, en el año 1863, el maligno, que “como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 P 5:8), intentó por última vez vencer al justo. Así, el diablo, padre de la mentira (Jn 8:44), inspiró a un asistente del padre Jacob a presentar acusaciones falsas y calumniosas contra su maestro. Ésto resultó en una citación a Sitka, emitida por el obispo Pedro. El piadoso pastor fue rápidamente absuelto de todo cargo, pero debido a su salud cada vez más deteriorada, permaneció en Sitka durante su último año sirviendo en una capilla tlingit. Durmió en el Señor el día 26 del mes de julio de 1864 a la edad de 60 años y fue sepultado al tercer día a la entrada de la capilla. Durante sus últimos viajes misioneros en la región del delta del Kuskokwim/Yukón, bautizó a poco menos de mil quinientas personas, distinguiéndose como evangelizador de los pueblos esquimales yupik y atabascanos.

Ésta breve historia ha relatado la cronología básica de la vida y la labor del Santo, pero no debemos olvidar mencionar sus otras obras, para que la luz no permanezca debajo de un almud (Mt 5:15). En el año 1841, el padre Jacob se encontró con un grupo de mujeres de su congregación en Amlia que habían caído víctimas de ciertas influencias y enseñanzas demoníacas. Culpándose a sí mismo por la seducción y la caída de sus hijos espirituales a manos del maligno, informó a la líder del grupo que iba a visitarlas.

Al llegar, encontró a una de las mujeres paralizada, semiconsciente e incapaz de hablar. Ordenó que la trasladaran a otra casa aparte, y al día siguiente, una vez hecho ésto, encendió la lámpara ante los iconos del hermoso rincón de oración, vistió su epitrajilio sacerdotal, asperjó agua bendita por todo el aposento y comenzó las primeras oraciones de exorcismo. Luego se marchó.

Durante la noche le avisaron de que la mujer había empezado a hablar, pero de forma incoherente. Acudió inmediatamente a ella y realizó un segundo exorcismo. Ésta vez, ella saltó de la cama y se puso de pie junto al Santo, unió su oración a la de él y lo acompañó con postraciones. Al terminar las oraciones, el padre Jacob la roció de nuevo con agua bendita y le dio la preciosa cruz para que la besara. Recuperó la plena consciencia, la salud y la razón; es decir, ni siquiera las falsas enseñanzas de los espíritus malignos tenían ya cabida en ella.

En noviembre de 1845, el padre Jacob predicaba en la aldea de Kalskag, donde el jefe local era también chamán. Habló en nombre de todos los aldeanos y se resistió con vehemencia a la Palabra de Dios. Pero el Santo, sereno y pleno del Espíritu Santo, perseveró sembrando la semilla de la fe y la piedad. Tras largas horas, el jefe guardó silencio y finalmente creyó. Los aldeanos, en solidaridad con su líder, también expresaron con alegría su fe en el Dios Trino y buscaron el Santo Bautismo.

El padre Jacob fue médico de cuerpos como de almas. A menudo cuidaba de los enfermos de su feligresía, aún a costa de su propia salud. Durante el invierno de 1850-1851, el Santo enfermó gravemente. No obstante, cuidó de los enfermos y les administró medicinas a diario.

La predicación del padre Jacob a menudo unía en la Santa Fe a tribus que tradicionalmente habían sido enemigas. Un ejemplo de su diario dice:

 

Por la mañana, por invitación mía, todos los Kol’chane e Ingalit del Yukón y los locales se reunieron en mi casa y prediqué la palabra de Dios, concluyendo al mediodía. Todos escucharon la predicación con atención, sin discusiones ni desacuerdos, y al final todos expresaron su fe y su deseo de recibir el Santo Bautismo, tanto los Kol’chane como los Ingalit (antes enemigos por tradición). Hice un recuento por familias y grupos, y luego, por la tarde, comencé el Bautismo. Primero bauticé a 50 hombres Kol’chane e Ingalit, éstos últimos del Yukón e Innoko. Ya era de noche cuando terminé el Bautismo (21 de marzo de 1853).

 

Así se condujo éste Santo Apóstol, éste nuevo Job, durante su vida terrenal. Obró muchas otras obras y prodigios, muchos conocidos y muchos más conocidos solo por Dios. Pocos misioneros en la historia han tenido que soportar las dificultades que enfrentó el padre Jacob, sin embargo, lo hizo con paciencia y humildad. Su vida de fe y piedad es el legado que nos deja a nosotros, sus hijos espirituales en América, y de hecho a todos los cristianos del mundo.



REFERENCIAS

Orthodox Church in America. (2026). Repose of Saint Jacob Netsvetov, Enlightener of the Peoples of Alaska. New York, Estados Unidos: OCA.

 

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